Juicio por la causa La masacre de Trelew

Los acusados por el asesinato de 16 militantes empezaron a ser juzgados la semana pasada

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UN FALLO DE CASACION ABRIO EL DEBATE SOBRE LA IMPRESCRIPTIBILIDAD DE LOS DELITOS

 

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Todas las fichas en el juicio oral

La Secretaría de DD.HH. de la Nación y la fiscalía plantean que la Masacre de Trelew es un delito de lesa humanidad. La decisión del tribunal es crucial para poder avanzar en las condenas de los imputados por los fusilamientos.

 

Por Ailín Bullentini

Para las partes que cumplen con la función de acusar en la causa de la Masacre de Trelew, el asesinato de los 16 presos políticos y el intento de homicidio de los tres sobrevivientes en el marco del fusilamiento cometido por miembros de la Marina en la base Almirante Zar de esa ciudad de Chubut el 22 de agosto de 1972 es un delito de lesa humanidad. “La querella de la Secretaría de Derechos Humanos no tiene dudas al respecto”, planteó el abogado que la representa, Germán Kexel. La postura del organismo en el juicio que comenzó hace una semana en Rawson coincide con el objetivo de la Fiscalía, a cargo del fiscal general de Rawson, Fernando Gelvez, y su colega de Comodoro Rivadavia, Horacio Arranz. Sin embargo, una serie de recursos interpuestos en la etapa de instrucción por algunos de los cinco acusados que exigían la prescripción de los delitos –pasaron más de 40 años– originaron un fallo de la Cámara de Casación Nacional que puso todas las fichas sobre la mesa del juicio oral. “Cuestión de hecho y prueba que deberá definirse en la etapa oral”, mencionó la Cámara entonces, tras rechazar los pedidos de las defensas y llevar a la “cárcel a los culpables” reclamado por los familiares de las víctimas y los organismos de derechos humanos al máximo de suspenso posible. “Es lo crucial en la investigación. Sólo si el tribunal los considera delitos de lesa humanidad podremos hablar de la existencia de la imprescriptibilidad de los crímenes y, por ende, probar los diferentes grados de responsabilidad de los acusados”, advirtió Gelvez.

El interrogante sobre la naturaleza de los fusilamientos es eje principal del emblemático juicio que en ésta, su segunda semana de avance, contará con la declaración de uno de los acusados, el marino Jorge Bautista –imputado por encubrimiento– y de los primeros testigos de las partes acusadoras. ¿En qué elementos, entonces, se basaron para considerarlos delitos de lesa humanidad la Fiscalía y la Secretaría de Derechos Humanos? La posición de ambas apunta a los contextos previo y posterior en el que se produjeron los asesinatos de los jóvenes militantes políticos de las organizaciones armadas Montoneros, FAR y PRT-ERP y aseguran sin vacilar: la Masacre de Trelew es el germen del terrorismo de Estado, del “genocidio argentino de 1976”.
La investigación de los fusilamientos comenzó con la denuncia de los abogados involucrados en la temática de derechos humanos Alberto Pedroncini y David Baigún, presentada en 2005 ante la Justicia Federal porteña. “Entre la documentación que presentaron figura un manual de reglamentos del Ejército elaborado en 1968 y que rigió desde entonces, la mayoría firmados por el entonces jefe del Ejército Agustín Lanusse, que describen mecanismos psicológicos, operaciones antisubversivas, exterminio del elemento subversivo, operaciones contra la guerrilla urbana”, apuntó Kexel. El documento había sido presentado entonces por la defensa del represor Santiago Riveros en el marco de una causa en la que estaba imputado por violación a los derechos humanos con el objetivo de hacer responsables de los crímenes a las más altas autoridades militares. “Sirvió como prueba de la categoría de lesa humanidad de la masacre porque permitía describir el contexto represivo inmediatamente anterior a la dictadura militar. El Ejército argentino ya había escrito y publicado reglamentos para proceder ante el accionar de un enemigo en la población civil, el ‘subversivo’ como lo llamaron, aquel que pensaba distinto, con el objetivo de eliminarlo”, apuntó Kexel.
“Contamos con abundante prueba documental y testimonial, como es el caso de la compañera de una de las víctimas, Rubén Bonet, Alicia Bonet –estaba clandestina cuando su compañero fue asesinado–, o el detalle de la Cámara Federal, que la dictadura de Lanusse creó especialmente para juzgar a presos políticos, que confirman la situación de persecución a determinadas organizaciones políticas, que esa persecución se estaba dando desde antes de la madrugada del fusilamiento, que era manifiesta, que hubo represión ilegal y que este hecho fue el inicio del terrorismo de Estado”, de 1976, comentó el fiscal general de Rawson que participó en la investigación desde el momento en que de la Justicia porteña pasó a la de la capital chubutense, poco después de la radicación de la denuncia.
La Cámara Federal mencionada por Gelvez, conocida como el “Camarón”, también es un elemento que destacó Kexel, “un fuero antisubversivo creado ad hoc con reglas particulares y a miles de kilómetros de sus familiares”, apuntó el representante de la Secretaría de DD.HH. Fue el juez Jorge Quiroga, integrante del “Camarón”, quien interrogó a los 19 militantes que tras intentar fugarse de la unidad penal 6 de Rawson, el 15 de agosto de 1972, fueron encerrados en la base Zar hasta su muerte, el 22 de ese mes.
Para Kexel, “el post 22 de agosto de 1972 termina de explicar los hechos”: la persecución y la desaparición de la familia Pujadas (los vínculos directos de Mariano Pujadas, otra de las víctimas, están casi todos desaparecidos), la desaparición forzada de los tres sobrevivientes de los hechos (Alberto Camps fue asesinado el 16 de agosto de 1977; María Antonia Berger y Ricardo Haidar continúan desaparecidos) y la muerte de otros tres chicos que tras la balacera habían quedado vivos (Bonet, Miguel Polti y Alfredo Kohon), a quienes dejaron morir sin atención médica son algunos de los elementos que “explican la continuidad represiva en el terrorismo de Estado. El genocidio argentino del ’76 no empezó de la noche a la mañana, sino que es un proceso que se venía trabajando hacía rato”, concluyó.

El embrión represivo

El ministro de Justicia y Derechos Humanos, Julio Alak, calificó de “trascendente” el comienzo del juicio por la Masacre de Trelew y sostuvo que “ese hecho fue el embrión del terrorismo de Estado en nuestro país y la continuidad del acoso al campo nacional y popular desatado en 1955”.

Alak remarcó que el proceso contra los responsables de los fusilamientos de 19 detenidos políticos –16 de los cuales murieron– “repara una deuda histórica de la democracia con la militancia”.
“El juzgamiento de los responsables de los crímenes aberrantes ocurridos en los años setenta y ochenta es el mayor desafío afrontado por la Justicia y la sociedad argentinas. El auténtico Nunca Más recién llegará cuando se cierre el proceso de Memoria, Verdad y Justicia iniciado por Néstor Kirchner en 2003.” Para el ministro de Justicia “la acción desarrollada en materia de derechos humanos nos permitió recuperar los fundamentos éticos del Estado, que nunca debió haber consentido que los genocidas y asesinos ocupen otro lugar que no sea la cárcel”.

Duhalde estará presente

Su muerte no permitió que el ex secretario de Derechos Humanos de la Nación Eduardo Luis Duhalde ofreciera su testimonio en el juicio por la Masacre de Trelew, aunque fue un pedido de ese organismo y de la Fiscalía que su palabra –ofrecida en instancia de instrucción– sea incorporada por lectura. Seguramente habría sido, también, el firme representante de la secretaría ante el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia, que comparece en esta etapa de la causa. “La Masacre de Trelew fue su causa paradigmática”, dijo el abogado que lo suplanta, Germán Kexel. Es que Duhalde fue el abogado de las víctimas cuando estaban confinadas en la Unidad Penal 6ª de Rawson, antes de fugarse. Llegó a la ciudad de Trelew inmediatamente después de que acontecieran los fusilamientos, redactó recursos de hábeas corpus y los entregó por debajo de su puerta al juez Jorge Quiroga, integrante del “Camarón”. Intervino en la causa de la fuga de los militantes muertos, la única manera en que la Justicia se ocupó, entonces, de las víctimas; organizó conferencias de prensa desde allí para hacer públicos los asesinatos. “Atestiguó en el marco del juicio por todo eso, pero también por haber sido una de las primeras personas que se animaron a definir públicamente que, por la metodología represiva utilizada, la Masacre de Trelew tenía muchos elementos en común con el terrorismo de Estado impulsado a partir de 1976”, precisó el abogado.

Confesó Marandino: “No es creíble el relato de los militares”

UNO DE LOS IMPUTADOS CONFESÓ QUE LOS DEMÁS MILITARES, ALCOHOLIZADOS, FUSILARON A LOS PRESOS POLÍTICOS

2012-05-09 02:53:53

En la segunda jornada del juicio por  la Masacre  de Trelew se tomaron lectura de ciertas declaratorias por demás trascendentes. De esta manera, Carlos Amadeo Marandino confesó que lo obligaron a abrir las celdas donde se encontraban los presos políticos y, tras retirarse del recinto, escuchó como un comando liderado por el Capitán Sosa les disparó a mansalva. Esto es por demás contrario a la inverosímil versión del mismo Sosa quien relató que, tras un “golpe karateca propinado por Mariano Pujadas”, los militares no tuvieron más alternativa que dispararles “para detener el intento de fuga”. Ante una concurrencia muy menor al día inaugural continuó el proceso judicial que investiga la masacre a 19 presos políticos realizadas el 22 de agosto de 1972 en la base Almirante Zar. A las 10.14, el Juez Horacio Guanziroli preguntó a los acusados si estaban dispuestos a declarar: ”Los invito a hacerlo conforme lo dice  la Constitución Nacional.  Pueden realizar todas las declaraciones que deseen, todo el tiempo que lo deseen. Si deciden declarar lo hacen sin promesa de decir la verdad, sin coacción alguna, lo hacen sin presiones o cargos. También van a poder comunicarse con su defensor, salvo al momento de formulárseles preguntas”. Uno por uno, los marinos se negaron a la invitación, salvo Juan Bautista quien dijo fuera de micrófono: “Voy a declarar pero no en este momento”. En consecuencia, prosiguió a leerse la correspondiente declaración indagatoria prevista por la instrucción. La primera fue la de Rubén Paccagnini; en segundo lugar, Emilio Del Real; siguió la del Capitán Luis Sosa y por último la de Carlos Marandino.

 

? M?ismo hecho, diferentes versiones

Entre lo más sobresaliente se destacan la cantidad de no coincidencias en el relato de Sosa y Marandino. La más grave de ellas fue la siguiente: Sosa narró que tras “el mal comportamiento de los presos” se propuso hablarlos para que “tengan más paciencia”, por lo que se paseó en el pequeño pasillo que daba a los calabozos “sin puertas”. Mientras lo recorría de punta a punta, sintió un golpe de Mariano Pujadas, “quien era cinturón negro de karate”, y quedó “unos minutos inconsciente”. Tras recuperarse, sintió “varias lenguas de fuego” que dio en el blanco de todos los presos, menos él, quien se encontraba junto a 19 personas en un pasillo de pequeñas proporciones.

“Les hice un poco de perorata y les dije que tuvieran paciencia porque entendía que el personal no estaba acostumbrado a tratar con presos. Cuando me disponía a terminar mi intervención me siento levantado y caí de espaldas, con la cabeza al fondo del pasillo. Era una toma de karate por el cinturón negro, Pujadas.  Cuando me incorporé hacia adelante ya habían empezados los disparos. Mi primera impresión fue que me tiraban a mí porque lo tenía a Pujadas, y a otro penado, a mis flancos. Cuando cuatro lenguas de fuego nos tiraron. […] Fernández me dijo “le habrán metido algún tiro, venga que voy a ver, Sosa”. Me dijeron que no tenía nada, pero por la prensa salió que me habían herido, pero de eso yo no tenía nada que ver. Cuando se hace la reconstrucción hecha por el Capitán Bautista, es allí donde me informan que me habían intentado sacar el arma. Me quedó la impresión que fueron cuatro tiradores con cuatro pistolas ametralladoras PAM. De Real, Bravo, un cabo y otra persona (Marandino)”, declaró el Capitán Sosa.

Sin embargo, estos dichos, que bien podrían remitirse a algún episodio de una buena película de vaqueros, fueron desmentidos por Marandino, quien esa madrugada se encontraba de guardia. “Yo portaba una pistola Ballester-Molina. No recuerdo cuantos calabozos había, pero eran pequeños y las puertas eran cerradas (sic) del lado de afuera. En ella había pequeñas ventanas y había rejas por donde uno se podía asomar y ver a los presos. Los calabozos estaban enfrentados por un pasillo que tenían un metro y medio de ancho y más de  10 metros  de largo. Había una pared tipo biombo por donde se entraba a ambos costados. Había una o dos personas por calabozos. Para ir al baño eran custodiado por dos personas, creo que sin esposas. […] Cada 15 o 20 minutos se hacía una ronda. Los detenidos tenían prohibido hablar entre sí, pero se comunicaban con golpes y señas. En ningún momento tuve problemas con los guerrilleros, nunca sentí escándalo, nunca sentí nada, siempre había silencio. […] Al término de mi guardia era todo normal hasta que llegaron los señores oficiales, parece que venían un poco tomados de copa. Me obligaron a desarmarme,  me entregaron las llaves de los calabozos para que los abriera y ordenaron que me retirara. Dije `¡sí, señor!´. Apenas salí comenzaron a hablar muy fuerte y a muchos gritos. Creo que los detenidos cantaron el himno argentino. Se escucharon muchos disparos. Después gritaron `¡se quieren escapar!´ y se repitieron los disparos. Cuando fui a ver qué pasaba, me entregaron una pistola  45 mm  y me dijeron que verificara los cuerpos. Hice dos pasos y temí por mi vida, me puse muy nervioso y me fui. Me llevaron a enfermería de la base. Me dieron un sedante para que me tranquilizara, yo era el más moderno de los militares”.Al consultársele, Marandino reconoció que “el relato de los militares es inverosímil” y no dudó en reconocer que en la escena del crimen estaba Sosa liderando el grupo, con una pistola PAM. Además, contó que un “oficial de jerarquía le dio orden de cambiar la declaración” cuando intentó dar su versión de los hechos. Relatos cruzados, destinos similares

No es nuevo que los militares se pisen o contradigan sus relatos. Incluso, es bastante común que quiénes se revelen sean los soldados de menor rango. En su momento en el Juicio a Videla, el cabo Miguel Ángel Pérez confesó que remató de un disparo en la cabeza a “Paco” Bauducco, pero le endilgó toda la responsabilidad a sus superior, Mones Ruiz. Al igual que Pérez, Marandino recordó que eran sus primeros días en  la Base Almirante  Zar y que quedó muy nervioso y trastornado ante el hecho. Tal es así que días más tarde lo enviaron a Estados Unidos y, tras ascenderlo a cabo, lo jubilaron apenas dos años ocurrida la masacre de Trelew. Cabe destacar que tanto Pérez como Mones Ruiz fueron condenados a prisión perpetua en una cárcel común. Salvo que la defensa de Marandino logre mejorar su situación, el marino correrá la misma suerte. Ni hablar de Sosa, quien está muy complicado.

Por otro lado, recordemos que Mariano Pujadas pertenecía a la agrupación Montoneros. Nació en España, puntualmente en Barcelona, el 14 de junio de 1948. Al momento de ser asesinado tenía 28 años. Fue uno de los fundadores de dicha organización y estudiaba ingeniería agrónoma en Córdoba.

 

Ningún marino quiso declarar en el juicio por la Masacre de Trelew

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“No me creen que nunca di la orden de abrir fuego”

Ningún marino quiso declarar en el juicio por la Masacre de Trelew pero se leyeron sus versiones. Marandino negó la hipótesis de la fuga.

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Un sobre. Un colaborador resuelve un trámite particular de Sosa, quien sigue atento todas las audiencias.

La historia lo señala como el símbolo absoluto y definitivo de la Masacre de Trelew. Pero el capitán de fragata Luis Emilio Sosa lo toma con pinzas. Aunque él no habló, ayer se escuchó por primera vez su relato de esa madrugada del 22 agosto del ´72. Fue la breve historia de un militar disciplinado pero que se definió conciliador y sin rencores. Sabedor de su importancia histórica aunque despreciándola como si nada supiera.

El marino retirado aseguró que todo lo que se dijo tras esa noche “me afectó muchísimo” pero que “en ningún momento reconocí la culpabilidad”. Según Sosa, como todos piensan que comandó al grupo de fusiladores “voy a pecar de inmodesto porque no me creen: lo triste es que todo marino, sin excepción, me tiene como un individuo decidido, un héroe. Y yo no quiero ser héroe; fue una cosa que no tuvo nada que ver con eso. Si me dijeran que di la orden, vaya y pase, pero yo no di ninguna orden”.

La audiencia

La reflexión se escuchó en el segundo día del histórico juicio por los 19 fusilamientos. Los 5 ex marinos acusados se negaron a prestar declaración indagatoria. Por eso se leyeron sus testimonios originales, tomados durante la etapa de instrucción de la causa por el juez federal de Rawson, Hugo Sastre. El único imputado que adelantó que hablará ante el tribunal fue el ex capitán de navío Jorge Bautista. Pero lo hará sólo “cuando lo considere oportuno” (ver página 6).

Además de Sosa, el capitán de fragata Emilio Del Real; el capitán de navío Rubén Paccagnini y el cabo Carlos Marandino se pusieron de pie y le dijeron al juez Enrique Guanziroli que mantendrán silencio frente a la acusación fiscal. A excepción del cabo (ver página 4) los relatos avalan la versión oficial de la Armada Argentina, que habló de un intento de fuga de los presos políticos y negó ejecuciones. Sólo faltó el testimonio de Del Real, que no declaró.

Miraba tele

Ante apenas 50 personas en el Cine Teatro “José Hernández” de Rawson, el acusado contó que era la 1 y miraba tele en su camarote de la Base cuando el teniente Roberto Bravo le avisó que “esta gente se está portando muy mal”, en referencia a los presos. “Interpreté que la situación estaba muy tensa pero creí que no tenían ningún resentimiento por su entrega en el Aeropuerto”, reflexionó.

Ya en el lugar, el relato de Sosa insistió con la versión de que esa madrugada recorrió los calabozos para tranquilizar los ánimos de los militantes presos, que no paraban de quejarse. Que pasó por el medio de la fila, ida y vuelta, rozándoles los hombros en el pasillo estrecho y cara a cara para “darles una perorata” que los calme. Pero en esa inspección Mariano Pujadas –uno de los muertos- lo golpeó de espaldas y le sacó el arma reglamentaria. “Sentí que me levantaban de atrás con un movimiento imprevisto y caí boca arriba. Él era cinturón negro y quedé totalmente conmocionado”, alegó.

Marandino, Del Real y Bravo –que formó en fila a los presos antes de llamar a Sosa- abrieron fuego para contener el posible desbande y fuga. El acusado apenas precisó que “vi cuatro bocas de disparos muy intensos en apenas tres metros pero no di ninguna orden ni de abrir ni de cerrar el fuego”. Recordó que alguien gritó que Sosa estaba herido. Pero no sintió el típico ardor de una herida de bala. “Luego me informaron que me habían intentado sacar el arma”, aseguró, ante el silencio del recinto.

Enfriar ánimosSosa se definió como “un militar precavido” que esa noche sólo intentó “enfriar los ánimos”. Explicó que no caminó entre los presos para provocarlos. “Quería estar cerca para convencerlos de que no hicieran nada y cuando llegué ya estaban alineados en el pasillo”. Según le dijo a Sastre, no reflexionó antes de hacer ese paseo arriesgado en un pasillo de apenas un metro de ancho porque “no me pareció imprudente”. Pero sí admitió que el personal de la Armada no está educado para cuidar presos.

Sin ideologías

El capitán tenía 37 años y llevaba 21 como marino. “Mi prioridad era templar los ánimos y solucionar el problema de los presos”, insistió. “Que no estuviesen en mala situación en ese turno de la guardia”.

Le preguntaron qué opinaba de Montoneros y otros grupos revolucionarios. Y rozó el cinismo al contestar que “no hago distinciones de ideologías porque eran bastante comprensivos y siempre colaboraron en todo”. Sosa no quiso especular acerca de qué habría sucedido si los detenidos se fugaban. “No lo puedo prever porque aunque las medidas de seguridad estaban bastante bien tomadas, siempre hay huecos”. No sabe cuándo dejó la Base Zar. Sí que en noviembre del ´72 ya estaba en Puerto Belgrano. “Mi estado anímico era terrible”, graficó. Pero se negó a contestar preguntas acerca de su huida del país.

http://www.diariojornada.com.ar/

 

09/05/2012 2:00 AM

Hoy, una inspección ocular en la Base Almirante Zar

El juicio seguirá hoy a las 10 en otro lugar: el tribunal hará una inspección ocular en la Base Zar de Trelew, el lugar de los hechos.
Las partes pueden concurrir si lo desean pero se sabe que los acusados no estarán. Aunque el juez Enrique Guanziroli dijo que no tiene problemas, el acceso de la prensa dependerá del jefe militar de esa unidad. Luego los abogados regresarán al Cine de Rawson e intentarán ponerse de acuerdo para definir la lista final e testigos que serán citados a declarar. Hay 79 citados provisoriamente pero es probable que se desista de algunos de acuerdo a su importancia para el proceso. La idea es agilizar las audiencias todo lo que se pueda. Luego, el juicio se interrumpirá hasta el jueves 17. Si se resolvió el sistema de videoconferencias, hay marinos que ya no vendrán a Chubut y lo seguirán por TV.

Trelew: murió el reconocido periodista Daniel Carreras


Fue uno de los primeros cronistas de Canal 3, y es muy recordada su
cobertura durante la fuga de presos políticos de la Cárcel de Rawson en
1972, que culminó con la trágica Masacre de Trelew.

Carreras durante su testimonio en la película "Trelew", de Mariana Arruti.

El reconocido periodista Daniel Carreras falleció este miércoles en la
ciudad de Trelew. Con una larga trayectoria en varios medios del Valle,
Carreras era recordado con mucho respeto por su cobertura para Canal 3
en los trágicos hechos que se sucedieron a la fuga de la cárcel de
Rawson en 1972, que luego culminó con la sangrienta Masacre de Trelew,
en la que murieron 16 presos políticos en la Base Almirante Zar.

Carreras fue el único periodista televisivo que cubrió la toma del Aeropuerto
Viejo de Trelew, y entrevistó a los líderes guerrilleros que formaron
parte de la fuga, en un testimonio televisivo que impactó a los medios
nacionales de aquella época.

Hace algunos años, Carreras aportó un testimonio clave para la película "Trelew, la fuga que fue masacre",
de la directora Mariana Arruti, que relató de manera muy precisa los
hechos del '72.

En los últimos años, Carreras era un colaborador permanente del Centro Cultural por la Memoria de Trelew, que se inauguró
en el mismo edificio que en 1972 albergaba al viejo Aeropuerto de la
ciudad.

En 2004, Carreras le concedió una entrevista al diario Página 12, en donde relató sus vivencias en los
hechos de 1972.

Lo que sigue es aquel reportaje a un periodista que marcó una época en los medios de Trelew.

"Fuimos como un pueblo fantasma, estigmatizado por la masacre"

Daniel Carreras, el periodista que entrevistó a quienes intentaron escapar de
la cárcel de máxima seguridad en el `72, habla de aquellas imágenes,
recuperadas para el documental Trelew, de Mariana Arruti.

Por Mariano Blejman (Página 12)

"Estuve desaparecido 25 días, tuve 14 días de picana, bajé 17 kilos, al final
del interrogatorio, convencidos de que no sabía nada, estando desnudo,
esposado, con papel en los oídos, cinta adhesiva en los ojos, alguien me
preguntó de dónde era, quién era mi padre, era trabajador de una
cooperativa de ferrocarriles, dije, me preguntó con quién vivía, en mi
casa, con mi esposa, quién atendía, le pregunté quién era él, a vos qué
carajo te importa, me dijo, la llamaron a mi mujer y le dijeron dónde
estaba, que fuera a la mañana a un juez, que estaba en Campo de Mayo",
monologa Daniel Carreras por teléfono desde Trelew, periodista que
entrevistó a los que intentaron escapar de la cárcel de máxima seguridad
en agosto del `72, ahora recuperadas en el documental Trelew de Mariana
Arruti, que estrena comercialmente esta semana en Buenos Aires.

A Carreras lo desaparecieron en 1976, cuatro años después, pensando que había
participado de la planificación de la fuga, cuando vieron que en su casa
tenía fotos de los guerrilleros.

Habría que estudiar la estructura que propone Trelew, una narración coral, de precisa sincronía
histórica que sirve para relatar el intento de fuga de más de 100
presos políticos de la cárcel de Rawson, aunque sólo pudieron hacerlo
seis (que terminaron en Cuba, vía Chile), fueron apresados 19, fusilados
clandestinamente el 22 de agosto. Se salvaron tres.

Semanas atrás, Trelew se vio en el sur y conmocionó al pueblo, que no tenía
noción de la importancia histórica de aquel acontecimiento que sería el
comienzo de la represión ilegal en el país. Carreras tuvo el curioso
privilegio de entrevistar a los presos políticos, que pidieron a los
medios para entregarse. Ese material de dos cintas de 20 minutos está
incluido en Trelew.

Durante la dictadura, Carreras fue desaparecido, torturado y vuelto a largar. Él recuerda esos
acontecimientos pero cuenta además cómo el documental cambió la historia
reciente del pueblo: "El estreno removió la conciencia. Muchos no
hablaron porque se vivía con temor. Afortunadamente, la democracia alejó
el fantasma de la represión y del golpe de Estado. En el preestreno, la
gente se sorprendía mucho. Cuando se vio en cine, impactaron escenas
como las entradas de las tanquetas en los funerales de la Capital
Federal".

Carreras recuerda cómo se enteró de la fuga. Se lo dijo
el director José María Sáez, quien después llegó a ser senador. "Había
que hacer la nota sí o sí. Era difícil trabajar en el `72", recuerda.
Carreras tomó con velocidad un auto hacia el aeropuerto, rodeado por el
Ejército, la Marina, la Policía, la Gendarmería de Rawson. "Por el
megáfono anunciaron que habían pedido periodistas, cuando vieron que no
podían irse con aviones chicos sin combustible, que no viajaban de
noche."

Había cinco o seis periodistas, uno solo de la televisión: Carreras. Trelew tenía 15 mil habitantes, Carreras era la
imagen del noticiero. "Sabíamos con quién se habían ido, quiénes habían
sido los taxistas, pero el testimonio de esa gente en el documental es
impactante."

Las imágenes inmortalizadas fueron tomadas por un
camarógrafo que acompañaba a Carreras en un reportaje de dos cintas de
20 minutos cada una que se emitieron en Canal 3 de Trelew, de circuito
cerrado.

"Mientras duraba la toma del aeropuerto, el camarógrafo
que había terminado la primera cinta volvió a buscar otra." El
militante Mariano Pujada quería que el mundo viera que se entregaban en
perfecto estado físico, pidieron la presencia de un médico, Atilio
Biglione, que ahora tiene 90 años.

"En ese momento, se fueron mostrando en un rincón, dando su nombre. Hasta ahora, las imágenes
originales se vieron sólo en Trelew, Comodoro Rivadavia y Esquel. Cuando
llegué a Buenos Aires para darles 20 minutos a Canal 11 y Canal 13, el
gobierno de Lanusse secuestró el material y autorizó seis minutos de un
video y siete del otro", cuenta Carreras.

El material desapareció en 1976 cuando, ya en Buenos Aires, le allanaron la casa. "Tenía
cuadros con detenidos en Trelew", recuerda. En esa época, a Carreras lo
detuvieron, lo desaparecieron, lo torturaron, los militares supieron que
era "un perejil" y lo tuvieron que blanquear.

"Durante años fuimos un pueblo fantasma, estigmatizados como sinónimo de masacre.
Estábamos indisolublemente unidos a ellos", cuenta Carreras. Sobre la
filmación, el periodista cree que Trelew convirtió en cotidiano un
evento extraordinario. "Era la primera vez en la historia que se filmaba
el secuestro de un aeropuerto en vivo", asegura Carreras. Dice que fue
en vivo, porque mientras estaba filmando, la primera cinta salía por
televisión.

Ahora, la cárcel de Rawson sigue siendo de máxima
seguridad, aunque sin presos políticos. Sin embargo, la relación del
pueblo con los presos de aquella época es tremendamente afectiva. "Lo
que pesa es lo injusto de las muertes. Desde el punto de vista
ideológico, la ciudad no tiene una tendencia izquierdista.

Pero en octubre y noviembre de 1972, cuando detuvieron a un grupo de personas
de izquierda, todo el pueblo salió a la calle al trelewazo. Esa
historia también está contada en La pasión según Trelew, el libro de
Tomás Eloy Martínez. Claro que los libros todavía no se pueden ver."

Pasaron a retiro al jefe de la Armada, procesado por espionaje

Tras su procesamiento en la causa que investiga presuntas tareas de espionajerealizadas por la Armada entre 2003 y 2006, el jefe de la esa fuerza, almirante Jorge Godoy, fue pasado a retiro y en su lugar fue designado quien lo secundaba, el vicealmirante Carlos Alberto Paz.

El pase a retiro fue publicado hoy en el Boletín Oficial mediante los decretos 247 y 248, dos días después de que Godoy fuera procesado por el juez federal Jorge Rafecas. En los considerandos, se explicó que el militar solicitó “su pase a situación de retiro voluntario, resultando oportuno y conveniente proceder en consecuencia”.

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