Ningún marino quiso declarar en el juicio por la Masacre de Trelew

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“No me creen que nunca di la orden de abrir fuego”

Ningún marino quiso declarar en el juicio por la Masacre de Trelew pero se leyeron sus versiones. Marandino negó la hipótesis de la fuga.

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Un sobre. Un colaborador resuelve un trámite particular de Sosa, quien sigue atento todas las audiencias.

La historia lo señala como el símbolo absoluto y definitivo de la Masacre de Trelew. Pero el capitán de fragata Luis Emilio Sosa lo toma con pinzas. Aunque él no habló, ayer se escuchó por primera vez su relato de esa madrugada del 22 agosto del ´72. Fue la breve historia de un militar disciplinado pero que se definió conciliador y sin rencores. Sabedor de su importancia histórica aunque despreciándola como si nada supiera.

El marino retirado aseguró que todo lo que se dijo tras esa noche “me afectó muchísimo” pero que “en ningún momento reconocí la culpabilidad”. Según Sosa, como todos piensan que comandó al grupo de fusiladores “voy a pecar de inmodesto porque no me creen: lo triste es que todo marino, sin excepción, me tiene como un individuo decidido, un héroe. Y yo no quiero ser héroe; fue una cosa que no tuvo nada que ver con eso. Si me dijeran que di la orden, vaya y pase, pero yo no di ninguna orden”.

La audiencia

La reflexión se escuchó en el segundo día del histórico juicio por los 19 fusilamientos. Los 5 ex marinos acusados se negaron a prestar declaración indagatoria. Por eso se leyeron sus testimonios originales, tomados durante la etapa de instrucción de la causa por el juez federal de Rawson, Hugo Sastre. El único imputado que adelantó que hablará ante el tribunal fue el ex capitán de navío Jorge Bautista. Pero lo hará sólo “cuando lo considere oportuno” (ver página 6).

Además de Sosa, el capitán de fragata Emilio Del Real; el capitán de navío Rubén Paccagnini y el cabo Carlos Marandino se pusieron de pie y le dijeron al juez Enrique Guanziroli que mantendrán silencio frente a la acusación fiscal. A excepción del cabo (ver página 4) los relatos avalan la versión oficial de la Armada Argentina, que habló de un intento de fuga de los presos políticos y negó ejecuciones. Sólo faltó el testimonio de Del Real, que no declaró.

Miraba tele

Ante apenas 50 personas en el Cine Teatro “José Hernández” de Rawson, el acusado contó que era la 1 y miraba tele en su camarote de la Base cuando el teniente Roberto Bravo le avisó que “esta gente se está portando muy mal”, en referencia a los presos. “Interpreté que la situación estaba muy tensa pero creí que no tenían ningún resentimiento por su entrega en el Aeropuerto”, reflexionó.

Ya en el lugar, el relato de Sosa insistió con la versión de que esa madrugada recorrió los calabozos para tranquilizar los ánimos de los militantes presos, que no paraban de quejarse. Que pasó por el medio de la fila, ida y vuelta, rozándoles los hombros en el pasillo estrecho y cara a cara para “darles una perorata” que los calme. Pero en esa inspección Mariano Pujadas –uno de los muertos- lo golpeó de espaldas y le sacó el arma reglamentaria. “Sentí que me levantaban de atrás con un movimiento imprevisto y caí boca arriba. Él era cinturón negro y quedé totalmente conmocionado”, alegó.

Marandino, Del Real y Bravo –que formó en fila a los presos antes de llamar a Sosa- abrieron fuego para contener el posible desbande y fuga. El acusado apenas precisó que “vi cuatro bocas de disparos muy intensos en apenas tres metros pero no di ninguna orden ni de abrir ni de cerrar el fuego”. Recordó que alguien gritó que Sosa estaba herido. Pero no sintió el típico ardor de una herida de bala. “Luego me informaron que me habían intentado sacar el arma”, aseguró, ante el silencio del recinto.

Enfriar ánimosSosa se definió como “un militar precavido” que esa noche sólo intentó “enfriar los ánimos”. Explicó que no caminó entre los presos para provocarlos. “Quería estar cerca para convencerlos de que no hicieran nada y cuando llegué ya estaban alineados en el pasillo”. Según le dijo a Sastre, no reflexionó antes de hacer ese paseo arriesgado en un pasillo de apenas un metro de ancho porque “no me pareció imprudente”. Pero sí admitió que el personal de la Armada no está educado para cuidar presos.

Sin ideologías

El capitán tenía 37 años y llevaba 21 como marino. “Mi prioridad era templar los ánimos y solucionar el problema de los presos”, insistió. “Que no estuviesen en mala situación en ese turno de la guardia”.

Le preguntaron qué opinaba de Montoneros y otros grupos revolucionarios. Y rozó el cinismo al contestar que “no hago distinciones de ideologías porque eran bastante comprensivos y siempre colaboraron en todo”. Sosa no quiso especular acerca de qué habría sucedido si los detenidos se fugaban. “No lo puedo prever porque aunque las medidas de seguridad estaban bastante bien tomadas, siempre hay huecos”. No sabe cuándo dejó la Base Zar. Sí que en noviembre del ´72 ya estaba en Puerto Belgrano. “Mi estado anímico era terrible”, graficó. Pero se negó a contestar preguntas acerca de su huida del país.

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09/05/2012 2:00 AM

Hoy, una inspección ocular en la Base Almirante Zar

El juicio seguirá hoy a las 10 en otro lugar: el tribunal hará una inspección ocular en la Base Zar de Trelew, el lugar de los hechos.
Las partes pueden concurrir si lo desean pero se sabe que los acusados no estarán. Aunque el juez Enrique Guanziroli dijo que no tiene problemas, el acceso de la prensa dependerá del jefe militar de esa unidad. Luego los abogados regresarán al Cine de Rawson e intentarán ponerse de acuerdo para definir la lista final e testigos que serán citados a declarar. Hay 79 citados provisoriamente pero es probable que se desista de algunos de acuerdo a su importancia para el proceso. La idea es agilizar las audiencias todo lo que se pueda. Luego, el juicio se interrumpirá hasta el jueves 17. Si se resolvió el sistema de videoconferencias, hay marinos que ya no vendrán a Chubut y lo seguirán por TV.